martes, 19 de noviembre de 2013

El último Post


Antoine D. Chasse


Virginia despertaba con una sola cosa en la cabeza : “ La felicidad siempre llega cuando se está solo entre la multitud”. Miró al espejo, autoanalizó, vio el cuello en busca de marcas: todo estaba normal. Otro día normal para correr a la gran ciudad. Ayer por la noche todo había estado bien, pero por la mañana la caricatura era más deforme, ya no se sabe que pasa con eso del día después. Las personas son una especie rara y amorfa llena de miedos efímeros.

Repasó su lista de supervivencia casera: agua, jabón, cepillo de dientes, ropa, café con leche, cigarrillos, teléfono. “Son los objetos quienes me mantienen ”, dijo a media voz, temiendo despertar a su compañero de cama. Se miraban en el camino al trabajo en el autobús y  una bendita mañana de jueves por fin él se animó a hablarle. Nada preparado, una pequeña charla del clima, dos risas e intercambio de teléfonos. Dos días después estaba allí, dormido, como ahora, tan tranquilo. El poseía unas facciones de las que perturban el corazón de la gente. Aunque mirándolo, apenas cubierto por una sábana, parecía uno de esos huérfanos de las novelas de Dickens.

Le echó un vistazo antes de salir del apartamento, cerró la puerta y corrió por las escaleras tres pisos sin parar. En la calle se puso sus Marshall sobre las orejas, de esos que tienen tantos decibelios de presión de volumen que son una anestesia contra el ruido del mundo, y eligió una canción donde todos los instrumentos sonaban agudos, chillones. Lo que llevaba en el corazón era aún más potente y eligió otra pieza. Tampoco. Optó por una NIN y los Marshall saltaron. ¡Eso era lo que necesitaba! Sacó del bolsillo su teléfono, de esos fabricados por los niños esclavizados en China, tan fácil de usar como morder una manzana, y escribió en su muro: “Hasta ayer me faltaba el volumen de siempre en la vida”. Repitió el mensaje como si sus centenares de contactos la escucharan, no era consciente del volumen de su voz, porque tenía el oído anulado por los potentes Marshall. Tampoco escuchó los gritos de alerta, el frenazo, el impacto. Tres segundos después los Marshall seguían sonando y su post ya tenía 3 likes, un amigo de una amiga, su ex novio y el del chico recién levantado en su cama.

No hay comentarios: